La pequeña semilla que cambio mi practica!

 संकल्प   Sankalpa
Llegué tarde.

Entré casi de puntillas, con el tapete enrollado bajo el brazo y la sensación incómoda de ser la única que no sabía muy bien qué hacía ahí. 
Miré alrededor: personas sentadas con los ojos cerrados, respirando con una naturalidad que me parecía imposible. 
Yo apenas intentaba seguir el ritmo sin sentirme fuera de lugar.

Hasta ese momento, el yoga era para mí una forma distinta de mover el cuerpo.
 Había escuchado que ayudaba a relajarse, por lo que había acompañado en algunas ocasiones a mi hija a un espacio muy reducido en un gym.

Entonces la maestra habló...

—Antes de comenzar, elige una intención para tu práctica.

Pensé:
            Una intención?

Para hacer ejercicio?


Mi mente buscó una respuesta profunda, espiritual, la frase “correcta”.no apareció nada.

Después de unos segundos surgió algo muy simple.

                               Quiero sentir calma!

Nada más, no fue una revelación, no sentí una energía especial ni salí transformada de aquella clase.

Regresé a casa convencida de que esa parte del inicio era solo una bonita costumbre.

Lo que no sabía era que aquella frase acababa de sembrar una semilla.

Y las semillas tienen una forma muy particular de trabajar.

Nunca hacen ruido. no cambian el paisaje de un día para otro.

              Crecen en silencio.


Hace miles de años, mientras en otras partes del mundo se levantaban templos y ciudades, en la India hubo personas que dirigieron su atención hacia otro territorio: el mundo interior.

Se preguntaban por qué sufrimos?

Por qué repetimos hábitos que nos hacen daño?

Por qué, aun sabiendo lo que nos hace bien, elegimos lo contrario?

Después de años de observación comprendieron algo sencillo y profundo:

-Toda acción comienza mucho antes de hacerse visible.

-Antes de una palabra hay una intención.

-Antes de un abrazo hay una disposición del corazón.

-Antes de caminar existe una dirección.

-Toda creación nace primero en un lugar invisible.

De esa comprensión nació una palabra que más tarde ocuparía un lugar especial dentro del yoga:

         〰 Sankalpa 〰

Aunque suele traducirse como intención, esa palabra se queda corta.

"Porque una intención puede durar un momento"

Un Sankalpa es una orientación interior.

Es el compromiso de vivir desde una cualidad que reconocemos como verdadera.

No busca convertirnos en alguien distinto, nos invita a recordar aquello que el miedo, las prisas y el ruido cotidiano suelen hacernos olvidar.

Vivimos en una cultura que siempre nos impulsa a ser más.

Más productivos, más exitosos, más fuertes, más jóvenes.

Incluso el bienestar termina convirtiéndose en una lista de metas por alcanzar.

Meditar más, dormir mejor, comer perfecto.

Como si la paz fuera otro objetivo pendiente.

El Sankalpa propone algo muy diferente.

No parte de la idea de que nos falta algo.

Parte de la confianza de que, debajo del cansancio y de los personajes que interpretamos cada día, ya existe una parte de nosotros capaz de vivir con calma, paciencia, compasión o valentía.

No hay que fabricarla.
                                  Hay que recordarla.

Con los años comprendí que aquella frase tan sencilla “Quiero sentir calma” no hablaba de encontrar algo nuevo.

La calma ya estaba ahí, lo que había perdido era el contacto con ella.

Nadie necesita recordar aquello que ya está viviendo.

Necesitamos recordar la paciencia cuando estamos a punto de reaccionar.

La amabilidad cuando somos nuestros peores jueces.

El descanso cuando creemos que solo valemos por lo que hacemos.

La calma cuando todo parece correr demasiado rápido.

Por eso el yoga comienza con una intención.

No porque unas palabras tengan poderes mágicos.

Sino porque aquello que recordamos una y otra vez termina orientando la manera en que vivimos.

Un Sankalpa no es una petición dirigida al universo.

Es una conversación silenciosa con uno mismo, es el hilo invisible que une la práctica con la vida.

Con el tiempo dejé de buscar una frase bonita empecé a buscar una frase verdadera.

Las intenciones más profundas casi nunca son las más elaboradas.

Suelen ser simples.

“Confío.”

            “Estoy presente.”

                   “Habito la calma.”

                              “Me trato con amabilidad.”

La mente suele desconfiar de esa sencillez.

Estamos acostumbrados a creer que lo importante debe ser complicado.

Pero la naturaleza nunca funciona así.

Una semilla cabe en la palma de una mano y, sin embargo, guarda dentro de sí la dirección completa de un árbol.

No necesita convertirse en otra cosa, solo necesita las condiciones adecuadas para expresar lo que ya es.

Con el Sankalpa ocurre lo mismo.

No sembramos una idea para transformarnos en alguien diferente, sembramos un recuerdo.

Una semilla no tiene prisa.

No se compara con el árbol de al lado.

No se desespera porque aún no da frutos.

Mientras desde fuera parece que no ocurre nada, por dentro todo está sucediendo.

Muchas veces esperamos que una práctica de yoga nos cambie en una hora.

Que una meditación elimine el estrés de inmediato.

Pero el yoga trabaja como la naturaleza.

En silencio.
          Poco a poco.
                  Desde dentro hacia fuera.

Por eso el Sankalpa se recuerda al comienzo y al final de la práctica

Con el tiempo entendí también por qué tantas personas confunden el Sankalpa con la manifestación.

En ambos casos existe una frase.

En ambos hay una intención.

Pero el punto de partida es muy distinto.

Cuando hablamos de manifestar solemos pensar en aquello que deseamos obtener.

Un trabajo.

Una casa.

Una relación.

Una oportunidad.

El Sankalpa hace otra pregunta:

Qué parte de mí necesita ser recordada?

Ese pequeño cambio transforma el camino.

Porque una cosa es esperar que la vida nos entregue algo.

Y otra muy distinta cultivar, día tras día, la persona que queremos ser.

Si mi Sankalpa es habitar la calma, la práctica no consiste en esperar un día sin problemas.

Consiste en aprender a respirar cuando los problemas aparecen.

Si mi Sankalpa es la confianza, no significa que nunca volveré a sentir miedo.

Significa recordar que puedo dar el siguiente paso incluso con miedo.

Ese descubrimiento cambió mi manera de practicar y también mi manera de vivir.

Fue Yin Yoga quien terminó de enseñármelo.

Hay posturas en las que permanecemos varios minutos.

Desde fuera parece que no sucede gran cosa.

Pero basta quedarse quieto para que empiece el verdadero diálogo.

El cuerpo quiere salir, la mente negocia, aparece la impaciencia, buscamos cualquier excusa para escapar.

Una postura sostenida termina convirtiéndose en un espejo de la vida.

Fue en una de esas prácticas donde comprendí que mi Sankalpa nunca había sido una frase para repetir.
Cada vez que aparecía la incomodidad, no necesitaba preguntarme cuánto faltaba para terminar la postura, solo necesitaba recordar la dirección que había elegido.

Si había decidido practicar la calma, ese era el momento de hacerlo1

Entonces comprendí algo que nunca olvidé:

"La práctica no pone a prueba nuestro cuerpo.

                                           Pone a prueba nuestra intención"

Y quizá por eso el yoga no termina cuando enrollamos el tapete!

Con el tiempo descubrí que el regalo más valioso que me dejó el yoga no fue tocar la punta de mis pies, ni lograr una postura difícil.

Fue aprender a regresar.

Regresar a la respiración cuando la mente se dispersa.

Regresar a la calma cuando el miedo aparece.

Regresar a mí cuando el mundo intenta convencerme de que debo ser alguien distinto.

Quizá eso sea, en el fondo,  Sankalpa.

                   Un regreso constante.

Hoy, en el Día Internacional del Yoga! 



Pienso que esta práctica ha recorrido miles de años y ha cruzado continentes porque habla un lenguaje que todos entendemos: el deseo de vivir con un poco más de presencia, de paz y de humanidad.

Ojalá que, la próxima vez que te sientes sobre tu tapete y cierres los ojos, no sientas la presión de encontrar la frase perfecta.

Basta con escuchar, aunque sea por un instante, aquello que tu corazón necesita recordar.

Porque, como toda semilla, un Sankalpa no transforma la vida de un día para otro, pero si lo cuidas con paciencia, práctica y presencia, un día descubres que ya estás viviendo desde él.

Y quizá entonces comprendas que el yoga nunca quiso llevarte a ningún otro lugar.

Solo quería acompañarte de regreso a casa!

Feliz Día Internacional del Yoga 🤍 
         
 Que esa semilla siga encontrando tierra fértil, dentro de ti y en cada persona que llegue a esta comunidad!

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                    Con cariño y flexibilidad!

                               Abrazoterapia Bea 🎐

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