Yo, yoguini!
El yoga es mi gran historia de amor!
Es un proceso de incluir todas las formas y dimensiones de la vida dentro de ti. Y como toda historia de amor, tiene sus partes felices y las que no tanto.
Comencé a practicar yoga porque una de mis hijas necesitaba ir. Le habían recomendado las clases y pensé que si íbamos juntas, quizás le encontraría el gusto.
Como era de esperarse, ella dejó de ir y yo continué — hasta que un día el grupo se disolvió, y eso fue todo.
Los demás lugares me parecían demasiado avanzados. Comencé a desilusionarme.
En aquella época era común que un profesor te marcara la alineación de maneras que hoy en día no serían bien vistas. Salías de la clase sintiéndote mal contigo misma, con tu cuerpo, con tu ser. No era eso lo que buscaba.
Así que regresé a la meditación y me olvidé de la práctica física — no porque mi cuerpo no pudiera, sino porque no sabía dónde encajar.
Fue otra de mis hijas quien me invitó a un evento, luego a otro, hasta que conecté con una maestra que, con paciencia y humildad, me fue enseñando las posturas, la forma de moverme sin lastimarme. Y el amor llegó.
Por varios años fui felizmente enamorada del Raja Dhiraja yoga.
Salí de viaje.
Hacía un par de meses había fallecido mi papá y viajé con mis hermanos a resolver algunos asuntos. Fueron días largos e intensos, con muchas emociones encontradas.
Al regresar, me vino un dolor muy fuerte en el cuello. Prácticamente no podía vestirme ni mover los brazos. El especialista tomó una placa y lo primero que preguntó fue: "¿Cuándo chocó?" No hubo accidente! Al parecer, una emoción demasiado grande había generado una contractura que afectó mis cervicales.
Me recetaron reposo, ejercicios de recuperación y, pasados unos días, me recomendaron volver al yoga.
Busqué a mi maestra, pero el grupo se había disuelto. Ella estaba enfocada en un nuevo proyecto y las clases estaban en pausa. Pregunté por todos lados durante días. Contacté a una maestra que me gustaba mucho, pero ella daba vinyasa — y yo aún no estaba lista para una práctica tan intensa. Fue ella quien me sugirió probar el kundalini yoga.
Qué es esto? — me pregunté el primer día. Turbantes, ropa blanca, zaleas y tanta energía desbordándose.
En menos de dos semanas estaba completamente sana. Pero eso no era lo mejor: había encontrado a mi maestro, a mi guía, a mi amigo, y a un grupo de seres de luz maravillosos. Practiqué kundalini yoga durante varios años. Hubiera querido seguir, pero mi maestro se retiró.
A pesar de sus sabios consejos — de que pronto encontraría una nueva guía, de que me certificara como maestra — yo no estaba lista.Ya varios compañeros lo eran.
Él vio en mí una maestra, y mi maestra de Raja Dhiraja también, pero ese camino no era el mío todavía.
Un día el administrador de mi colonia me preguntó si no me animaba a dar clases a un grupo de señoras en el jardín. Me gustó la idea. Algo suave, al aire libre. Se lo comenté a mi hija menor — que ya practicaba a nivel avanzado — y le encantó.
Comenzamos juntas: un grupo pequeño los sábados, saludos al sol, algunas torsiones, meditación.
Como era de esperarse, los compromisos de trabajo de mi hija pronto le impidieron asistir, y me quedé sola con el grupo. Estar del otro lado del tapete era grandioso — y a la vez, una enorme responsabilidad.
Llegó gente que quería más: más posturas, más movimiento, más enseñanzas. Tomé una pausa y comencé una certificación en hatha y vinyasa yoga. A los seis meses retomé las clases — aún sin certificarme, pero con la certeza de que las enseñanzas de mis maestros habían sido muy buenas.
Con el tiempo el grupo fue cambiando, como cambian todas las cosas vivas, y yo comencé a dar clases de hatha suave en una shala.
Llegó la pandemia. Todos en casa. Yo seguía explorando, tomando clases raras, buscando. Y así llegué al yin yoga.
Al principio fue una relación de amor y odio. Me desquiciaba y, al mismo tiempo, quería más.
Empecé con una certificación básica de yin yoga para deportistas. Luego me adentré en su metodología taoísta y me certifiqué en yin yoga y mindfulness. El yin yoga funciona. Profundamente.
Actualmente
Estoy en una profunda búsqueda de unión entre el Yoga tradicional y el Yin yoga, intentando que no se sienta como algo aislado, sino una continuidad
Esta es mi historia de amor con el yoga. El yoga no solo cambió mi vida — abrió mi mente a un mundo que no sabía que existía.Un abrazo gigante a todos los maestros, guías, practicantes, yoguis y yoguinis,
y con gran cariño, a toda la comunidad yinster.
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Namasté — नमस्ते




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