La respiración que me ayudo a atravesar el fuego!

 Lo que nadie me enseñó sobre los bochornos y lo que sí me ayudó.



Entré a la menopausia muy espantada.

Venía de una mala experiencia con una medicina que me hizo sentir peor y, después de eso, no quería saber nada de doctores, tratamientos ni más miedo. 

Mi mamá ya había fallecido y no tenía cerca a una mujer que ya hubiera pasado por esto, a quien preguntarle cómo se atravesaba este momento de la vida. 

Así que, de alguna manera, entré sola.

Fue un tiempo muy de mí conmigo.Modo supervivencia.Modo observar y aprender.

Cada síntoma era una especie de investigación personal: Qué está pasando en mi cuerpo? 

Cómo puedo acompañarlo? 

            Cómo puedo atravesarlo sin entrar en guerra conmigo misma?

Los bochornos llegaban como una ola anunciada por el corazón.

 Antes del calor, venían las palpitaciones, un latido fuerte, profundo, casi desesperante.

 Como si el pecho se hundiera y el corazón quisiera salir hacia afuera y entonces aparecía el calor intenso, imposible de explicar si no se ha vivido.

Recuerdo muchas noches despertando de golpe, sintiendo esa mezcla de calor, ansiedad y desesperación. 

Pero en lugar de pelear con ello, empecé a observarlo.

Contaba el tiempo.Respiraba profundo.Me repetía: "Esto también va a pasar."                                          "Es solo un momento."

Y aunque a veces parecía eterno, pasaba.

Poco a poco entendí que intentar evitar el bochorno solo aumentaba mi ansiedad. 

Lo que realmente empezó a ayudarme fue acompañarlo y atravesarlo conscientemente.



"El aliento es el puente entre la mente y el cuerpo." 

                                                                        Thich Nhat Hanh

Ahí fue donde apareció Sheetali Pranayama.

Este pranayama, conocido en yoga como "la respiración refrescante", se convirtió para mí en un refugio. 

Lo utilizaba cuando sentía venir el calor o cuando las palpitaciones comenzaban a anunciarlo.

Cómo practicarlo

Se enrolla suavemente la lengua en forma de tubo — o, si no puedes hacerlo genéticamente, puedes inhalar entre los dientes suavemente separados — inhalando lentamente por la boca como si bebieras aire fresco. 

Luego se exhala por la nariz, despacio. 

Repite cuantas veces necesites.










Con cada respiración sentía que algo en mi cuerpo descendía.

 El calor dejaba de sentirse tan agresivo, la ansiedad comenzaba a suavizarse y mi mente dejaba de entrar tan rápido en desesperación.

Pero más allá de enfriar el cuerpo, lo que más me ayudó fue que esta respiración me devolvía presencia. Me ayudaba a regularme, a sentir más calma y, muchas veces, incluso a volver a dormir en medio de la madrugada.

Poco a poco dejé de luchar contra mi cuerpo y empecé a escucharlo de otra manera, con más paciencia y compasión.

Hoy miro ese tiempo de otra forma. No como una batalla que tuve que ganar, sino como un proceso de autoconocimiento donde aprendí a observarme, respirar y acompañarme.


Te cuento esto no solo como un desahogo, sino porque quizás algo de mi experiencia pueda ayudarte también a ti. 

Incluso si no estás atravesando la menopausia.

Porque hay muchos momentos en la vida donde el cuerpo se acelera, el corazón golpea fuerte y sentimos que algo nos sobrepasa:

  • ansiedad
  • estrés
  • miedo
  • calor interno
  • insomnio
  • desesperación

Y a veces, lo único que necesitamos es volver a la respiración. 

No para evitar lo que sentimos, sino para acompañarlo y atravesarlo con un poco más de presencia y compasión.

"Hay una calma que no se encuentra huyendo del fuego, sino aprendiendo a respirar dentro de él."

Si quieres ver cómo practico el Sheetali Pranayama, lo compartire en mi Instagram — encuéntralo en mi perfil.

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                    Con cariño y flexibilidad!

                               Abrazoterapia Bea 🎐


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